Traducido del catalán 

«El Tribunal Supremo ha contrahecho los molinos de viento de la resistencia pasiva presentándolos como los monstruos de la rebelión violenta»

Por: Dominic Keown, catedrático de lengua y literatura catalanas en la Universidad de Cambridge.

 

Finalmente, Madrid retiró la euroorden dictada contra Clara Ponsatí y Carles Puigdemont por un delito que en las legislaciones escocesa y alemana equivale a alta traición. Huelga decir que este tipo de crimen casa más a una novela de Walter Scott que con en el siglo XXI. ¿Pero qué otra acusación podíamos esperar de un país donde confundir la realidad con los romances tiene tanto arraigo? El Instituto Cervantes -la institución que promueve la lengua y la cultura españolas en el exterior- recibe este nombre tan apropiado del célebre escritor de la obra maestra, el que nos advierte precisamente de los efectos que la ficción tiene sobre lo cotidiano.

En un arrebato de locura, el caballero andante superpone sus fantasías caballerescas a la realidad social de la época. Como noble defensor de la 'libertad', Don Quijote libera prisioneros engrillados, aunque son culpables. Además, cuando la realidad se vuelve demasiado banal para su gusto, una sencilla chica de campo se convierte en una damisela encantada que pide socorro; y el barreño modesto de un barbero, el yelmo áureo de un rey moro. Una paradoja conceptual que el autor resuelve magistralmente acuñando el neologismo 'gibrelm'. Dicho de otro modo, inventándose una palabra que recoge la aceptación simultánea de la realidad y la ficción.

Parece claro que los miembros del Tribunal Supremo viven en un mundo igual de quijotesco. Primero declaran culpables dos cantantes de rap porque dicen que han cometido un delito 'de apología del terrorismo' e 'injurias a la corona'. Más o menos como el hombre de la Mancha, a sus señorías les cuesta distinguir la prosa evocativa del uso ordinario del lenguaje. Una composición artística no tiene nada que ver con un manifiesto, por ejemplo. Mientras una declaración formal a favor de un grupo terrorista concreto merecería la sanción correspondiente, en un contexto literario, teatral, cinematográfico o musical, las palabras adquieren una dimensión creativa.

Por suerte -y a diferencia de España-, en el Reino Unido las leyes saben distinguir entre realidad y fantasía. Un ejemplo sería el grupo musical Bob Nylon and the Elastic Band. La portada del disco que publicaron en 2003 mostraba los componentes del grupo encamados con el papa Juan Pablo II, una oveja, el actor Hugh Grant y la Reina Madre de Inglaterra, que había traspasado hacía poco. Aún más: en una de las canciones del disco, este mismo personaje de la realeza -tan estimado en Gran Bretaña- era elogiado como candidata perfecta para ser sodomizada. Quien se expresara en estos términos y con estas imágenes en una convención republicana podría acabar en los tribunales. Sin embargo, en el contexto de un concierto, no sería en absoluto justificado (afortunadamente el mal gusto no es penado, de lo contrario los juzgados no darían alcance) Al igual que con el punk, estos despropósitos son parte de la provocación que acompaña la manifestación artística. Seis años después, el único castigo que recibió uno de los integrantes de la Elastic Band fue ser elegido diputado y, posteriormente, fue nombrado ministro de la Constitución y vicepresidente de su partido.

Y, sin embargo, ¿no es perverso que los jueces del Tribunal Supremo español ignoren la literalidad cuando ya les está bien y se entreguen a fantasías quijotescas para justificar el encarcelamiento de buena parte de los miembros del anterior gobierno de Cataluña y el exilio del resto?

Con la imputación ridícula de un delito de 'rebelión violenta' nos adentramos por el camino de los lazos amarillos. Como pudo ver el mundo entero el pasado octubre -y como han repetido abogados de toda Europa-, es evidente que los políticos catalanes no ejercieron violencia contra nadie y ni siquiera amenazaron de hacerlo. La brutalidad y la intimidación fueron patrimonio exclusivo de la policía española y no de la catalana. Pero, siguiendo el ejemplo del Quijote, cuando los hechos no se corresponden con la realidad, entonces basta de inventar una diferente. En este contexto, la lógica con la que se acusa Clara Ponsatí y sus compañeros de gobierno de encabezar un levantamiento social violento 'es tan perversa como culpar a los organizadores de la manifestación por los derechos civiles de Derry de los asesinados del Bloody Sunday cometidos por el ejército británico. O, dicho en el lenguaje de Cervantes, el Tribunal Supremo ha contrahecho los molinos de viento de la resistencia pasiva presentándolos como los monstruos de la rebelión violenta. No nos debe sorprender nada que las euroórdenes se hayan recibido con incredulidad en toda Europa.

Muchos juristas, incluido el autor de la redacción del artículo en cuestión del código penal español, están de acuerdo que la acusación no tiene nada de fundamento. Afirman que el delito que los deberían imputar es el de desobediencia civil. Pero, tal como hacía Humpty Dumpty, el personaje de la novela de Lewis Carroll, cuando los jueces españoles hablan de 'rebelión violenta' la frase adquiere el significado que más les conviene. O, como dice Humpty Dumpty, se trata de 'tener la sartén por el mango y para de contar'. Y es bien claro quién tiene la sartén por el mango, en la justicia española. Los dos grandes partidos españoles, que se han ido alternando en el poder desde la muerte de Franco, nombran diez de los doce integrantes del Tribunal Constitucional. Y también nombran todos los miembros del Consejo General del Poder Judicial, a los que corresponde elegir los jueces del Tribunal Supremo. Es un auténtico gobierno de jueces elegidos políticamente y que tienen el mismo ADN. La amenaza de interferir en la justicia por parte del poder político, denunciada el año 2016 en un informe del Consejo de Europa, ahora es bien patente. La justicia al revés, como en la creación literaria de Lewis Carroll, sería el mejor resumen de las excentricidades de la justicia española. En la euroorden cursada por el juez Llarena contra los políticos exiliados también aparece una imputación por malversación de 1,9 millones de euros en dinero público, supuestamente gastados en el referéndum ilegal. Sin embargo, Mariano Rajoy y Cristóbal Montoro han dicho y repetido que no se gastó ni un euro del erario público en el 1-O. Jueces por un lado y ministros de otra se las tenían por esta cuestión hasta que, una vez más, la fantasía quijotesca resolvió el tema y el gobierno español sacó un 'gibrelm oportuno que daba la razón a ambas partes. Huelga decir que esta explicación no convenció a los tribunales de Bélgica y Alemania. Por tanto, no hay que ser un genio de las leyes para entender cómo es que los abogados de la consejera Ponsatí tenían tantas ganas de llamar a declarar Rajoy y Montoro ante el tribunal de Edimburgo. ¿En este universo carrolliano donde vive Humpty Dumpty, hay esperanza de que la judicatura española pueda recuperar el tino si cae descalabrada de la pared y queda hecha añicos? ¿Podría ocurrir que el rechazo por parte del tribunal de Schleswig-Holstein de la solicitud de extradición suscitara una reflexión crítica que impidiera que los jueces y servidores reales simplemente acabaran recomponiendo la misma justicia parcial que teníamos antes? Parece que no, si nos fijamos en la reacción paranoica del Tribunal Supremo, que se apresuró a retirar las euroórdenes presentadas en Bélgica, Suiza y Escocia por miedo de hacer más el ridículo, mientras -perversamente- optaba por mantener los cargos al España. Habría que pedir dónde radica la integridad en estas curvas legales. La lógica de la euroorden, que exige explícitamente la equivalencia del delito en las dos legislaciones, dicta que si no hay alta traición en Alemania (ni en Escocia), entonces tampoco hay rebelión violenta en España. Está claro que, ¿desde cuándo Don Quijote prefiere la racionalidad y el autoanálisis que no la fantasía y el autoengaño?

Dominic Keown, catedrático de lengua y literatura catalanas en la Universidad de Cambridge (publicado en vilaweb)