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Después del año 1898 (por cierto el año en que nació mi abuela, en Cunit cuando era tres masías, justo la que era conocida por los mejores melones) con la pérdida de las colonias, quiso hacerse limpieza en los ministerios, dada la depresión y penuria que trajeron aquellos desastres (con todo, se repatriaron fortunas y se ahorraron gastos... pero la depresión fue inevitable) 
Así, ministerio por ministerio, se quisieron reducir gastos innecesarios y despachar a personal también en exceso.

Cuando se nombraba a alguien por prescindible, ocurría una voz que decía que imposible, que este señor es un recomendado de este o de aquel (alguien importante), y se pasaba a otro, repitiéndose la misma frustración, todos eran recomendados intocables. Hasta que en el Ministerio de Marina (de Ultramar) descubrieron a uno que no tenía padrinos y, para más escarnio, nunca había puesto un solo pie en el Ministerio, nunca había ido a trabajar ni nadie sabía en qué debía ocuparse, ni qué había ocurrido en todos aquellos años de ausencia. Pudiera resultar ser una especie de gacetillero y escritor breve, puede que un poeta de vaso de vino y lágrima fácil, que si bien sin mucho relieve iba tirando haciendo de las suyas. Pero no, se trataba del poeta satírico reconocido Manuel del Palacio. Pasar años siendo funcionario del Ministerio de Marina cobrando el sueldo, sin aparecer y sin padrino, ya dice del personaje (y ya amigo). El hecho sucedió al ser designado ministro Juan Manuel Sánchez Gutiérrez de Castro, duque de Almodóvar del Río, Grande de España, todo y que era de corta estatura. Pues así, al fin, consiguió rebajar gasto el Gobierno particularizado en el Ministerio de Marina y en el poeta. ¡A la calle el poeta! ¡Todos contentos! Pasando que el despedido se lo tomo muy mal, para acabar escribiendo al ministro de Marina en un diario, algo parecido a lo siguiente:

Eres Grande de España 
y eres pequeño,
fuiste ministro porque sí
y en cuatro semanas y media
perdiste a Cuba, a Filipinas,
a Puerto Rico
y a mí.

EN LA INSURRECCIÓN DE BARCELONA DE 1842, cuando Espartero ordenó bombardear Barcelona (Espartero es una especie de abuelo del Jiménez Losantos) Véase qué se decía:

Según relata el cónsul francés en Barcelona "durante los quince días que ha durado la insurrección no se ha cometido ni un solo delito contra las personas o contra las propiedades". En cambio la Diputación de Madrid falseaba deliberadamente los hechos y contaba a los ciudadanos que en Barcelona "han ocurrido lamentables escenas de horror y de sangre" y que entre otras atrocidades los milicianos habían degollado a los presos y los heridos enemigos en los hospitales.

En los Hechos históricos que vive el Pueblo de Catalunya en estos días…

(Manuel del Palacio y Simó, Lérida, 24 de diciembre de 1831​ - Madrid, 5 de junio de 1906, periodista y poeta satírico español)

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