El maestro de periodistas señor Álvarez-Solís, será en la época actual el periodista europeo que pase a la historia con capítulo propio. Otros, muchos, inflacionarios, son gerentes de políticos negocios, incluyendo al señor «académico» Cebrián, a Pedro J. Ramírez, a los mediocres "Màrius Carol" (ver en NAIZ "La Vanguardia", Joan Llopis Torres), tantos y tantos… Que citar aquí a los "Marhuenda", como a otros ilustrados de prontuario, sería desatino: los hay obispos para que rebuznen.

Permítaseme –en breve– citar con agrado y agradecimiento a Miguel Delgado y al "XORNAL", que en Galicia, entre zozobras, y aun todos en el mismo paisaje, una voz del galleguismo y del progresismo está en riesgo, pues su lucha contra la corrupción… Que me recibió de discordante columnista y, aunque tácito, no sé si resultó obvio que escribo donde me dejan y siempre lo que quiero y de lo que creo, pero no soy cura de parroquia ni cura (los hombres de un solo libro, son peligrosos), así que he procurado hacerlo fuera de Catalunya: en Galicia, en Euskal Herria, en el "DIARIO DE CASTELLÓN"… pues a qué predicar a los de mi congregación catalana, siendo como vamos todos a acabar de gauchos matreros, fuera de la ley («Que al hombre que lo desvela una pena extraordinaria, como la ave solitaria, con el cantar se consuela») Así y el elogio, traer aquí a José Antich, paradójicamente despedido de "La Vanguardia" por sus méritos, para suerte después del feliz nacido elNacional.cat. Con el mismo respeto a GARA-NAIZ, y gratitud a los redactores de Iritzia que me riñen por las comas y porque escribo largo, que una cosa es la gramática política y otra la sintaxis. Antes conocí –y es de bien nacidos…– a Iker Bizkarguenaga, de ZAZPIKA...  

A mí, el Sr. Álvarez-Solís me recuerda a aquellos periodistas del siglo XIX que enseñaron a los periodistas a hacer periodismo. Como catalán me siento orgulloso del «molt honorable» Álvarez-Solís. Me queda poco para irme con la «Rosa de abril», pero triunfante o derrotado, lo haré con el señor Ávarez-Solís en la memoria, como bagaje, allí donde habita el olvido de Luis Cernuda. Modestamente, irrelevantemente, pero propietario de la dignidad que sostiene la libertad de los pueblos y que hoy nos sirve de consuelo a los que el fascismo revestido de «democracia», entre esperpénticas sombras y luces valleinclanescas, ha dejado en manos de mediocres y de los antidisturbios (vea si tiene un rato que perder: Google: "El señor Mariano Rajoy Brey y la gallina: Testimonio del caso Gürtel").

Me complace su fortaleza interior, Sr. Álvarez-Solís, en una hora en que todo ha de pasar por la caja de los «mercados», tratos a la menuda con la dignidad de las personas y de los derechos sociales en la balanza como si fueran torna o pacotilla, más bien féretro de la convivencia entre iguales. Yo votaré por usted en el Parnaso de los periodistas con dignidad y esfuerzo y con figura literaria, con compromiso. Me moviliza no sólo mi ideario catalán, adquirido con los levantes del Mediterráneo en los que forjé ilusiones, sino también me movilizaron los indestructibles hacedores del pensamiento de cualquier mar que quedaron impresos en el alma catalana mucho antes de que existiera Castilla o Aragón, como abanderados de un modo de vivir que complace mi terca entraña inconformista.

Así que ya lo sabe: un respetuoso amigo. Pues la nobleza –la suya–, valga como muestra este botón sin ojal, la que era y será izquierdas, la que pasa por el soberanismo (¿Quién es el titular de la soberanía? Mi opinión está en NAIZ o "Xornal de Galicia", y sólo tengo una: Las carabelas salieron del sur de Coruña, la virtud de María Cristina y la soberanía de Catalunya), la defensa de la dignidad de las personas y los derechos sociales –irrenunciables musas que son nuestros vecinos y nosotros mismos, nuestras calles, las plazas… en estos tiempos y siempre, fuera el PSUC o sea hoy Bildu, con la democracia perseguida en Catalunya–, su deferencia hacia Puigdemont, no sólo debe serlo, sino que se agradece; y le reconozco a usted: que «nunca habla en demasía, ni se calla por completo», siendo «el hombre de más respeto, cuando es menos su falacia», además cierto.


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