Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

Obviamente, cuando nos referimos a las proporciones constantes de hombres estúpidos que generación tras generación han definido la Humanidad lo hacemos sin distinción de sexo, incluyendo en todas las premisas y conclusiones a hombres y mujeres.
Dice Cipolla que la segunda Ley Fundamental es una ley de hierro y no admite excepciones (La estupidez de un individuo es independiente de cualquier otra de sus características) El Movimiento para la Liberación de la Mujer apreciará en todo su valor la Segunda Ley, por cuanto esta ley demuestra que los individuos estúpidos son proporcionalmente tan numerosos entre los hombres como entre las mujeres.


Queda así resuelta toda discusión sobre la igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres. Cualquier desigualdad carecerá de fundamento. España y los Estados Unidos de América, por ejemplo, tienen el mismo derecho a ser presididos por una mujer estúpida como a ser presididos por un hombre estúpido.
Analizando aun someramente la anterior afirmación y sus posibles consecuencias, se comprenderá la poca relevancia de la distinción. No se valora en este estudio la posibilidad de haber sido gobernados por un chimpancé o un mono en cualquier grado de evolución y la hipotética variación de resultados (se quedará el lector, por falta de espacio, sin saber si negativos o positivos)

Aun con las limitaciones de un artículo, no podemos dejar de mencionar la actitud de algunos hombres que practican cierto buenismo: el de defender los derechos e igualdad de la Mujer. Rugiendo como leones defendiendo a las gacelas. Sin observar que con esas prácticas su actitud se opone a lo que quieren defender, pues si las mujeres no tuvieran esas mismas fortalezas y no las valoran como leonas (en los mismos términos de igualdad en la metáfora), exponen a la luz de la sabana una hipotética necesidad de ayuda como si fuera necesaria, exponiendo ingenua y contradictoriamente su debilidad.
Sin valor científico y fuera del texto, añadiremos que mejor sería, con armas y bagajes, olvidar las metáforas que no se corresponden con la realidad y son pésimas figuras, rendirse a las evidencias que nunca debieron reprimirse y seguir por la vida adelante, que de otras cosas hay que ocuparse menos sencillas)

       La Tercera Ley Fundamental

Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso, obteniendo un perjuicio.

Las personas racionales no pueden encontrar ninguna lógica en estos comportamientos, del mismo modo que sorprenden las personas envidiosas que sufren por los bienes materiales o la felicidad de otros, sin obtener por ello ninguno de esos bienes. Concluyendo la envidia, aunque normalmente inocua, en ser una manifestación de la estupidez humana.
 
Las relaciones humanas se establecen entre cuatro tipologías: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos.

Todos hemos sufrido a un individuo que consiguió un beneficio para sí, causándonos a nosotros un perjuicio (Estábamos frente a un malvado) También, en alguna ocasión, un individuo realizó una acción que nos procuró un beneficio, causándole a él una pérdida (resultando aquél un incauto: es importante destacar que el incauto inició la acción, de lo contrario, al haber obtenido él un perjuicio, y el causante un beneficio, este último entraría en la tipología de malvado) Igualmente recordaremos alguna ocasión en que algún individuo consiguió un beneficio para él, consiguiendo también un beneficio para nosotros (estamos, sin duda, frente a un hombre inteligente)
Sin embargo, en ocasiones, ocurre lo más incomprensible: Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones. Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad, no existe explicación -o mejor dicho- sólo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida.
Los cuatro tipos de hombres y mujeres que nos cruzamos todos los días por las calles, interactuamos creando todo tipo de situaciones con la complicidad de lo que llamamos la vida.
Si la Humanidad la formaran cuatro personas y todas las tipologías estuvieran representadas, sólo sería necesario identificar a cada una de ellas con su propia condición. No entraremos en análisis concretos que pudieran comprometer otras valoraciones: Dios, Adán, Eva y la serpiente (Puede el lector en toda circunstancia emparejar las tipologías y lo que le plazca, incluso entrar más variables hasta comprender, si quiere, las Guerras Carlistas, la toma de Zamora o quién tiene la culpa de poner cebolla en la tortilla de patatas o siempre se quedan cortos de vinagre los gazpachos)
No lo tendremos aquí tan sencillo ni es nuestra intención el uso exhaustivo de las Leyes para entender más que lo que finalmente queremos analizar, no sabemos ahora si con nombres y apellidos, o lo que cabe en siete folios que es la medida que nos hemos dado para completar cada parte y enviarla al ‘Xornal’. Veremos la paciencia, el límite y lo publicable, que también incluiremos. Pues dejadas aquellas valoraciones del Paraíso, en manos estamos del Señor y de Miguel Delgado. No es menuda su responsabilidad, pues hemos de pensar que allí se comieron la manzana y de ahí aquel lio y los de después toda la Humanidad. Habrá que ver ahora, si deshacemos algunos entuertos y quienes, y si podemos. Pero antes habrá que también aclarar el quién es quién, y si sabemos. Con la confesión perfecta de todos. Requerimos la del Xornal, valiente y personal, en Editorial y artículo con firma, de don Miguel, de la directora y redactores. Pues sabiendo de la nueva constitución que se avecina, seremos todos hijos de nuestra madre, de nuestro padre y del Xornal, y bautizados, confesaremos por nuestros actos o lo haga aquel a quien corresponda en España, en Galicia y en Cataluña, y en el Mundo, que por pedir que no quede. Aunque a veces hay que tener cuidado al pedir, que te dan. Con examen de conciencia, dolor de los actos irresponsables, sin considerar a la estupidez inocente; con propósito de no volver a las andadas, decir las verdades en los artículos del Xornal de una manera concisa, concreta, clara y completa, como si fuera confesión de los pecados verdadera, y cumplir la penitencia.

Pues se acabó la Transición, se acabó lo transitorio, vamos al antes o al después, habrá que enterrar a los muertos dignamente y vivir, si nos dejan, que no nos dejarán, en paz; pero sepamos quién es quién.

JOAN LLOPIS TORRES (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.