Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

nievejuanllopis25 9 2017En una institución docente se hizo un discreto estudio resultando que un numeroso grupo de bedeles y personal auxiliar eran estúpidos. Se sospechó que el resultado podía deberse al bajo nivel de formación que aparejara la falta de poder de disimulo. Sin embargo, hecho el mismo análisis entre estudiantes y profesores se observó que se mantenía invariablemente la alta proporción de estúpidos. No yendo más allá, se decidió no investigar al rector.


En nuestro ámbito más próximo y en las comunidades humanas más amplias, llevada la prueba a todo tipo de poblaciones, resulta que estamos relacionados con una proporción invariable de estúpidos.
El descubrimiento ha sido difundido sin que haya causado ninguna sorpresa, sin embargo ha causado consternación y airadas respuestas por parte de los estúpidos, aunque ellas mismas se han silenciado entre dudas y miradas apresuradas.
Las conclusiones indican que desde el origen del hombre, generación tras generación, cuales sean las particularidades del individuo, étnicas, raciales, sexo, color, grupo social, en culturas primitivas o desarrolladas, de todo tipo y en todas las localizaciones, cuales hayan sido sus circunstancias, la humanidad ha estado y se mantiene compuesta por un constante, elevado y proporcional número de estúpidos, persistente e invariablemente.
La Primera Ley Fundamental de la Estupidez Humana de Cipolla afirma sin ambigüedad que siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de estúpidos que circulan por el mundo.
Muchos estúpidos tienen consciencia de su estupidez. Otros estúpidos, creyéndose inteligentes, son profundamente estúpidos.
El reconocimiento propio de la estupidez se considera imposible. La estupidez no se reconoce a sí misma. La estupidez  tiende a culpar por sus consecuencias a las circunstancias o a las limitaciones de la condición humana, motivo principal de la persistente constante de estúpidos entre el género humano.
Una de las misiones principales de los hombres inteligentes es procurar que los estúpidos no actúen estúpidamente, objetivo imposible de conseguir.
Muchos hombres inteligentes que procuran que los estúpidos actúen inteligentemente lo hacen porque son buenas personas, aunque algunos, contradictorios sus objetivos con sus posibilidades de éxito, muestran así su estupidez.
Entre los grupos de buenas personas, al igual que entre los de las malas personas, se mantiene invariablemente un número proporcional de estúpidos que determina la constante.
Acierta Cipolla al afirmar que la humanidad se encuentra desde sus orígenes en un estado deplorable por causa de su mala organización, se equivoca sin embargo al definir a los estúpidos como grupos no organizados que no obedecen a ninguna ley, jefe, presidente o estatuto; corrigiéndose al instante para coincidir que, no obstante, parecen conseguir actuar en perfecta sintonía guiados por una mano invisible. Le flojearon por un instante las piernas a Cipolla justo antes de concluir, guardando el inglés la ropa para no mojarse, para, a pesar de ello, rehacerse al instante. Le ayudaremos aquí en esa incertidumbre momentánea con sus propios argumentos.
Lo haremos con sus mismas prevenciones y aclaraciones previas. No pretende ser el suyo un ensayo producto del cinismo ni de ningún derrotismo social, iniciando así algunas vacilaciones, mostrándose optimista a pesar de la composición social definida y la trayectoria que ha seguido la humanidad hasta hoy en día, creyendo quizás en la redención de los hombres. Pretende Cipolla un esfuerzo constructivo para investigar, conocer y, por lo tanto, posiblemente neutralizar una de las poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana.
Estas consideraciones anteriores no son más que, sin duda, una justificación precavida de lo que se desprende del efecto gravitatorio que producen las premisas del ensayo, y guarda Cipolla la ropa frente a las inevitables conclusiones que a ultranza entiende, pero a la vez, y a la inglesa, desentiende, para aparentemente otra vez no mojarse, dando confianza a los estúpidos que ni entienden ni pueden desentenderse no habiendo entendido con anterioridad.
Por muy alta que sea la estimación cuantitativa que uno haga de de la estupidez humana, siempre quedan estúpidos de un modo repetido y recurrente. Personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado, se revelan después, de repente, inequívoca e irremediablemente estúpidas.
En la mayoría de las conductas humanas y en sus obras, con algo de atención que se les preste, se observará la incesante monotonía de la estupidez humana. Resultando que cualquier valor numérico que se atribuya a esa fracción de personas estúpidas, resultará una subestimación respecto del resto. Siendo inevitable que los estúpidos aparezcan inopinadamente en los lugares y momentos menos oportunos.
Coincidente en términos de igualdad entre los hombres por lo que hace derechos, justicia y libertades, las corrientes sociales y culturales de los países más avanzados tienden a la vez a definir al hombre en términos igualitarios, debiendo ser así para todo tipo de manifestaciones sociales y la valoración de cada individuo entendido como persona, pero la definición del hombre no depende de la voluntad del mismo hombre, sino que depende de la Madre Naturaleza que, habiendo conducido su evolución colectivamente, sin embargo, no permite bajo ninguna luz, aun el bondadoso voluntarismo de los hombres, definir a cada individuo igual a cualquier otro como producido por una cadena de montaje.
Aun conviviendo justamente con los mismos derechos sociales y en la libertad inalienable de la persona, aun el libre y común acceso irrenunciable a la educación y a la cultura, aun la corrección política que encierra esa tendencia a igualar al individuo con todos los demás, aun los valores que encierran esas pretensiones como el respeto que todos merecemos por igual, como el mismo derecho y oportunidades a una vida digna y próspera, sin duda, unos hombres son estúpidos y otros no lo son. Del mismo modo que observamos otras características que nos hacen diferentes los unos a los otros.
En definitiva, concluye Cipolla, uno nace estúpido por designio inescrutable e irreprochable de la Divina Providencia (Yéndose en el lapsus a la simbología creacionista por un momento, en el descuido o, a la inglesa, secándose la ropa antes del baño)
Todos los hombres y mujeres del mundo tienen el derecho a ser estúpidos o inteligentes, lo cierto es que unos son estúpidos y otros son inteligentes, sin aplicación para ello de ningún derecho.
Un hombre estúpido puede en ocasiones actuar inteligentemente.
Un hombre inteligente puede actuar en ocasiones estúpidamente.
Los hombres estúpidos raramente actúan inteligentemente.
Los hombres inteligentes frecuentemente actúan estúpidamente.
La estupidez es inevitable.
Incuestionablemente, irrefutablemente, sin ninguna duda, los monos dadas sus condiciones cometen menos errores que los seres humanos evolucionados.
Los seres humanos evolucionamos sobre nuestros propios errores.
La Humanidad evoluciona sobre sus propias catástrofes.
Todos evolucionamos en general estúpidamente.
La Humanidad lamentablemente evoluciona lamentablemente.
Los resultantes colectivos humanos normalmente son más estúpidos que los individuos que los componen.
La estupidez que se desprende de los grupos humanos es consecuencia de la estupidez de los individuos que los componen, pero la consecuencia de esos grupos no es proporcional ni directa con la estupidez de los individuos que los forman. La resultante es aleatoria y desproporcionada. En términos intangibles es sorpresiva, misteriosa e inabordable.
Todas las ciencias que estudian al hombre lo hacen mediatizadas y erróneamente desde la arrogancia de creer al hombre individuo inteligente e inteligentes a los grupos humanos.
La ciencia no considera estúpido al género humano, para no reconocer que los colectivos de científicos están compuestos por una variable indeterminada pero numerosa de estúpidos.
La influencia sobre la evolución de la Humanidad que puedan tener los grupos científicos puede tener efectos deplorables.
Un solo individuo estúpido difícilmente adquirirá los resortes de retrotraer los seres humanos y a todos los seres vivos al origen de la evolución o a nuestra propia destrucción colectiva, pero los colectivos científicos son, juntamente a sus fantásticos logros, los humanos más peligrosos por desconocer e ignorar su propia estupidez y carecer de ningún método científico, junto a la imposibilidad de obtenerlo, para abordar y controlar las estupideces resultantes y sus consecuencias.
La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.
Los colectivos científicos y culturales de la Humanidad tienen un componente estúpido que los define y condiciona su resultante hacia consecuencias inevitablemente estúpidas. Cualquier análisis que conduzca a otra conclusión está equivocado. Si algún individuo estúpido quiere contradecir esta afirmación, antes de actuar estúpidamente puede abrir la ventana de su casa y mirar a la calle. También puede salir corriendo a buscar un espejo y observándose a sí mismo meditar durante unos breves minutos.
La reflexión es una componente de la estupidez humana que ignora sus componentes.
Aquellos estúpidos que quieran manifestar sus quejas o contradecir este artículo, pueden dirigirse al correo electrónico que figura a pie de página.
JOAN LLOPIS TORRES (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)