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No puedo explicar la emoción del día que juré bandera,  porque no sentí ninguna. Lo que sí recuerdo es que, entre muchos, me pregunté “¿Qué hago yo aquí?”. A otros, se les veía, para mi sorpresa, emocionados.

Las razones de estar allí prietas las filas, no eran ni mucho menos patrióticas; la alternativa era una cárcel militar, y no hacen falta más detalles. Aquél ‘qué hago yo aquí’, como es fácil entender, aun siendo pregunta, respondía al hecho de mis ideas y de mis sentimientos.

 

Hay que decir que ni entonces se perseguía a los sentimientos mientras te los guardaras para ti, sino a los actos que pudieran ser consecuentes de ese sentir que se lleva en el alma, en los bolsillos, no sé si en las neuronas o dónde (Mientras lava o cose, amigo mío, en el silencio, lo que llevas en el corazón, sólo lo sabe tu madre). Mientras cantaras la Salve Marinera, no había problema, pero claro, pasando por el tubo. Y siempre callando, que quiere decir que era mejor hablar de lo bonitas que quedan las gaviotas en las acuarelas volando por encima de un inmenso mar azul en un día de sol brillante, que de otra cosa en el sentido de estas líneas (también podías hacer nudos, e incluso deshacerlos) Llegados a hoy, se supone que cualquiera puede manifestar sus sentimientos y sus ideas, que vienen a ser la misma cosa, pues nadie tiene ideas en sentido contrario a sus sentimientos, y, se suponía –pero no- que se podían escribir en un papel y echar el papel en una urna (un sí o un no cabe en un papel de fumar), pues resulta que es cierta la mitad, puedes escribir sí, no, quizás y lo que te dé la gana (incluso pipí, caca, culo y pedo para hacer reír a los niños) para con el papel de fumar, fumarte un porro o liarte picadura a tu gusto, pero no otra cosa.
 
Han cambiado algunos paisajes, pues hoy se pueden tener sentimientos y fumártelos, como puedes permitirte pintarlos en una acuarela, incluso poner un cielo nublado, pero como aquel día, no puedes ser consecuente con ese sentir ni, igual que entonces, como si lloviera sobre el gris perla, expresar consecuentemente las ideas que cada uno debería poder manifestar. Para resultar que al final, a pesar de todos los cambios, nada ha cambiado. Pues, o bien coincides con el sentimiento patriótico español, unitario y pétreo con un solo destino en lo universal, o bien sigues siendo el mismo que todos éramos con la Dictadura de Franco. Que a mí me parece que no se ha ido, sino que sigue vivo y coleando, y se está riendo en su tumba de la conjura de los inocentes .

JOAN LLOPIS TORRES (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)