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CallejndelGatodeValleIncln CallelvarEn la medieval división social, o sea, la de hoy en día, unos rezan –incluyendo a los moralistas y a los que dan la tabarra: hombres peligrosísimos con un solo libro que, según ellos, nos enseña el camino que debemos seguir por la vereda –eso sí, siempre, según sus instrucciones, para llegar a unas bondades prometidas que nadie, que yo sepa, ha podido hasta el momento comprobar. Bien es cierto, que nadie ha podido confirmar lo contrario, quedando siempre la cosa sine die.

 

Otros trabajan. Estos son los más tontos a los ojos de los demás. Los que trabajan se defienden aclarando que los trabajos que realizan requieren de mucha inteligencia y ellos desarrollan muchas capacidades del ser humano. Además, dicen, ellos procuran los bienes que la sociedad necesita. Y así, un sin parar de virtudes y valores que tienen mucho mérito. Y tienen razón los tontos. Los tontos trabajan y lo hacen recibiendo –esto es muy curioso- una pequeña parte del fruto de su trabajo. La parte que les dan, pues siquiera se la quedan. Por tanto, se trabaja para los demás, de ahí la tontería y que los otros se les rían en la cara.

 

Otros son los que defienden a todos los demás para que vivan tranquilos y trabajen sin otras preocupaciones. Estos son los más generosos. Son muy meritorios, pues son capaces de entregar sus vidas a esta abnegada tarea: la salvaguarda del orden y que todo transcurra felizmente para todos. Quiere decir que son capaces de estar toda su vida ocupándose de ello. Lo de entregar su vida, significa también que lo harán a pecho descubierto si hace falta. A veces no queda claro contra quién, pero eso no importa.

 

Claro está que es necesaria una organización. No funcionaría tan bien como funciona, si se hiciera de cualquier manera. El ser humano es organizado. Entonces resulta que hay una nobleza, es decir, la flor y nata, los más desinteresados, que con mucho empeño se ocupan de la organización. Llegar a esos niveles en la sociedad es muy difícil, pues hay que tener una carrera y saber mucho, y muchos méritos, es como una gracia que nosotros no podemos alcanzar, aunque esto no está muy bien especificado ni nadie sabe de lo que estamos hablando. Es muy sacrificado, pese a ello, sobran voluntarios. Así queda demostrada la generosidad del ser humano.

 

Cuando las cosas no van muy bien, cuando hay pobreza, muchos trabajadores se quedan sin trabajo, pero no pasa nada, los demás trabajadores les ayudan, los tontos nunca están solos y se consuelan unos a otros, eso sí, oyendo rezos y siempre se les da algo, no hay que preocuparse.

 

Luego están las profesiones. No todo es a pico y pala. La regla realza el mérito de las excepciones, pero lo que nadie sabe en España es para qué sirven los periodistas. En España, no se sabe si los periodistas, rezan, trabajan, organizan, o dan la tabarra. Defienden y atacan y sirven a su señor. Informar, no. Pero sí dan la tabarra. En España el periodista siempre tiene razón. La razón que le dicen que hay que tener. Una sola. Jamás una duda. Ese mérito no se les puede negar. Y como la verdad nadie sabe lo que es y el papel está muy caro, tampoco se les puede pedir más que algunas tristes intenciones.

 

Está el Papa que lo pone Dios y el rey que lo pone el Papa o no se sabe quién, está Espartero en su caballo, y luego ya viene alguno que hay por ahí y los que van libres como los pájaros con el viento, que venimos a ser tú, yo y las excepciones, o sea, los gilipollas.

 

Todos por la vereda en esta pobre España consternada.

 

JOAN LLOPIS TORRES (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)

Fuente de la imagen; http://lh4.ggpht.com/-CUGUWhUbOm8/UMZdKNAxgZI/AAAAAAAAHyA/uxKvAzOPQ_8/s1600-h/CallejndelGatodeValleIncln.Callelvar%25255B2%25255D%25255B1%25255D.jpg