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FOTO DENIAEste saludo, señor Delgado, será breve. Y lo será en la esperanza de que -con el temor de no llegar más allá de la mitad de lo que yo quisiera, y a pesar de ello-, resulte bueno.  También tendrá de bueno que, con la mitad de esfuerzo, resolveremos a satisfacción el asunto, pues más valen quintaesencias que fárragos y lo que cuenta es la intención. Pues no hay que ir más allá del agradecimiento con el jefe -que el pasarse es hacer la pelota-, y el arroz mejor que esté en su punto.


   En algunas cosas coincidimos -disculpe usted el atrevimiento-, y no voy a poner el número, porque cuando enumero, siempre me sale alguna otra que decir, que me hace quedar mal por descontado.

 


   Pero tengamos dos por ciertas. Una es, que las cebras no tienen dos colores. De donde resulta -como usted demuestra todos los días-, que el punto de vista de cualquier persona es respetable, si -aunque parezca lo mismo, no lo es- también es respetable el punto de vista, y ello, siendo quien sea la persona; ya que en África, resulta que las cebras son negras, si bien con rayas blancas; cuando para los que no han estado nunca en África, son blancas, si bien con rayas negras. Y siendo verdad una y otra creencia, las controversias no tienen sentido, pudiendo convivir las dos percepciones, sin que por tozudez tenga que prevalecer un criterio sobre otro, pudiéndose llevar el ejemplo a todas las situaciones de la vida, incluso a vivir con la duda de si son blancas o negras, sobre todo, cuando siendo las cebras africanas, más sabrán los negros de Apapa, allá en la laguna, que un europeo ; pero, con todo, a veces, es mejor acabar concluyendo que '¡qué más da!, y dejar correr a las cebras.


   Cuánta terquedad se obserba en los periódicos, cuando aún hoy, se sigue olvidando que mejor es a veces aceptar, aun queriendo comprender, que amedrentar, y no por artículo de fe, sino porque en otras se corre el riesgo de imponer la razón del más fuerte, siendo común que suele ser el que menos veces la tiene.

Y la otra, eso está claro, que el periódico -por personalizar la cosa y no insistir en el nombre y la persona- tiene la tendencia de correr a apuntarse con los perdedores, que no es lo mismo que creerse ganador y luego perder. Desde mi punto de vista, esa es una de la manifestaciones más nobles y admirables de las personas y por extensión de la línea editorial, lo otro es ir a favor de la corriente y del rancho.

Pues si encima de saber cómo está el patio en el país, tiene la perspectiva de otras 'guerras', pues siendo todas diferentes, todas son las mismas, dará igual -díganoslo usted-,"Pues si vemos el presente cómo en un punto se ha ido y acabado, si juzgamos sabiamente, daremos lo no venido por pasado" ayer en el Camerún o en el pobre Congo, en donde fuera (digánoslo usted) y en la perdida Biafra (yo sé quien está casado con una Igbo) allá por Port Harcourt, y aún hoy, se llama 'bianca' para decir que una mujer es hermosa, venido el nombre (Bianca) de una señora que fue esposa muy joven, de uno de los militares levantado por la independencia de Biafra, que no sólo vive, sino, que aún joven, ha sido embajadora de Nigeria en España, hasta hace pocos años. Y habiendo vivido esos desgarros que -sin entrar en detalles- han traido a África hasta hoy una confusión de últimas tecnologías y miserias incontables, más entiendo que el que sabe de Gulags, no puede apuntarse a preguntar '¿quiénes vamos ganando?', pues la noticia está donde está la verdad, no, por interés de algunos, en donde conviene o en el silencio. Claro que, amigo mío, para ello hay que pagar un precio -también cuéntenoslo usted- pero sepan los lectores que no pagó -la persona de la que hablamos- el de la honradez. Por ello, con sencillez, mi respeto.

   JOAN LLOPIS TORRES (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.)