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Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos. Del Blog VERBO SUELTO del autor y del que se facilita el enlace o link correspondiente

 verbosuelto.blogspot.com

En torno al 20 Mayo, este analista de temas sociales y políticos publicaba en algunos medios de comunicación, bajo el título CRUCIALES E HISTÓRICAS ELECCIONES MUNICIPALES Y AUTONÓMICAS 2015. RESULTADOS TEMIDOS Y ESPERADOS, un artículo, que auguraba un mapa político diferente y nuevo en España, tras las elecciones municipales y autonómicas del día 24 de Mayo. Para sorpresa de unos y otros, propios y extraños, centro izquierda y centro derecha los resultados fueron los temidos y a la vez esperados por muchos ciudadanos.

Por ello, la sociedad española quedó presa de un cierto grado de desconcierto y confusión, que fue mudando en inquietante preocupación a medida que avanzaba el proceso de negociación de combinaciones asimétricas desde el punto de vista ideológico o pactos postelectorales de pura conveniencia y oportunidad política para conformar gobiernos estables, más allá de las tradicionales mayorías absolutas y del habitual bipartidismo político electoral. Los parámetros para la alternancia en el poder quedaban sensiblemente cambiados por unos resultados electorales y unos pactos posteriores, legales en el fondo pero de muy dudosa legitimidad democrática por la forma de llevarlos a cabo. En todo caso, sólo tendrían plena legitimación los pactos con la lista más votada.

En la mayoría de los casos, primaron los intereses de partido y las ansias irrefrenables de alcanzar cuotas de poder sobre los propios resultados de las urnas y el bien común de los municipios y autonomías. Por lo demás, debe de resaltarse el déficit de rigor político y de calidad democrática, cuya máxima expresión fue y sigue siendo la actitud excluyente, discriminatoria y sectaria planteada por el centro izquierda y extrema izquierda contra el centro derecha. Tan solo en la Comunidad Autónoma gallega, los pactos, no las urnas, se imponen a las listas más votadas en 46 ayuntamientos. Casi nada. Que cada lector extraiga sus propias conclusiones.

Algo impensable en los países avanzados y en las democracias consolidadas. En el siglo XXI, resultan de todo punto inadmisibles tanto los cordones sanitarios como los pactos del Tinell y cualesquiera otros de parecida naturaleza de todos contra formaciones políticas legitimadas por las urnas. Los ciudadanos con derecho a sufragio, lo ejercieron y, como consecuencia, se produjo un significativo e histórico cambio en los modos de hacer política y de gestionar la cosa pública, al tiempo que se impuso otro escenario sociopolítico.

Los comicios municipales y autonómicos celebrados el inolvidable 24 de Mayo de 2015, que ya se percibían como complejos e inciertos, resultaron cruciales y demoledores para la minada, socavada y endeble democracia española. Estas elecciones marcaron el punto de inflexión y el final del bipartidismo político tradicional y el inicio de una nueva etapa política caracterizada por un bipartidismo fraccionado o de dos bloques, centro derecha y centro izquierda, estructurados en torno al PP el primero y al PSOE el segundo.

Pero, en definitiva, con estas elecciones y los pactos actuales negociados por los partidos políticos en nombre del pueblo y sin la participación directa del pueblo, se ha configurado un nuevo frente popular de la izquierda y extrema izquierda en España

; se ha acentuado la fractura social y política que ya era una realidad sociopolítica; han recibido un notable impulso y han salido reforzados los nacionalismos separatistas y las corrientes sociales y políticas independistas; el populismo demagógico logró cosechar un considerable resultado y la unidad territorial del país quedó fuertemente dañada y debilitada, y, por ende, dificultada y limitada en sus posibilidades de restaurar y mantener no sólo la unidad sino también la cohesión territorial de este país; la radicalidad y la intolerancia en las relaciones entre los ciudadanos y los distintos pueblos españoles adquirieron nuevos tintes de aversión rayana en el odio y la quiebra del consenso constitucional de 1978 entró en la senda de la ruptura.

Un nuevo amanecer político en el suelo patrio español. Ya que, debido a estas artimañas políticas de no formalizar pactos o alianzas preelectorales, España se acostó monárquica y religiosamente plural, libre y diversa y amaneció republicana y laicista; se acostó siendo mayoritariamente de centro derecha y amaneció escorada a la extrema izquierda; se acostó envuelta en la bandera azul y roja del bipartidismo y amaneció sobre la multicolor del pluripartidismo. Todo esto, en buena parte y medida, ocurrió por mor de estos pactos postelectorales deslegitimados por el resultado de las urnas, habida cuenta de que la mayoría democrática la obtuvo el centro derecha. Y, por tales razones, no puede decirse que estas componendas políticas de pactos oportunistas que se llevaron a cabo en despachos y salones privados, sean precisamente una buena demostración o un paradigma de juego limpio democráticamente hablando.

El avezado lector, puede reparar en algunos ejemplos o casos de actitudes y comportamientos electorales recientes, como el Reino Unido donde los propios ciudadanos decidieron dar continuidad al sistema político del bipartidismo; en Italia se aprobó una reforma electoral, precisamente para poner fin al pluripartidismo de la ingobernabilidad y reeditar el bipartidismo de antaño y, en EE.UU, siguen impertérritos con la alternancia política en torno a los dos grandes partidos, republicano y demócrata.

Sin lugar a dudas, España es lamentablemente diferente, y, tal vez, por eso se rompen los moldes de la normalidad con respecto a los países avanzados y con regímenes o sistemas políticos y democráticos más consolidados. No es de extrañar, pues, que estos acuerdos o pactos postelectorales en lugar de alianzas o coaliciones preelectorales sean tachados por muchos ciudadanos como fulleros, indecentes y hasta un tanto tramposos y pseudodemocráticos. Tampoco faltan quienes los ven como los pactos de la indignación ciudadana por sus arteras pretensiones partidistas y de asalto al poder constituido de manera legal y de modo legítimo, con el claro e indisimulado objetivo de desalojar o echar fuera al partido y a las personas que lo ostentan por voluntad y decisión de la mayoría de los electores. Y esa actuación sectaria y excluyente es a todas luces antidemocrática.

Para otros ciudadanos, con estos pactos sectarios algunos partidos políticos asestaron un duro golpe a la frágil democracia española, al propio sistema constitucional, a las instituciones del Estado, al orden establecido y a la credibilidad y confianza en la clase política de distinto signo- toda ella convertida ya en casta-, entre otros motivos, por el hecho de haber sido planteados estos pactos astutamente como conformadores de mayorías aritméticas y parlamentarias frente a las mayorías democráticas resultantes de las propias urnas. Es necesario hacer una reflexión serena, responsable y ponderada sobre las repercusiones de estos espurios pactos en el sistema político español, en la forma de producirse en el futuro tanto la alternancia como la gobernabilidad de las instituciones del Estado y, en última instancia, en las consecuencias que se pueden derivar de estos cambios.

Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos. Del Blog VERBO SUELTO del autor y del que se facilita el enlace o link correspondiente verbosuelto.blogspot.com

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