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Con la pretensión de ayudar al lector a situarse en el adecuado y correcto contexto histórico y artístico del marco incomparable del otrora Monasterio Benedictino y hoy Seminario Mayor, se le facilitan algunos datos que pudieran ser de su interés, como, por ejemplo, que el espacio físico del edificio al que se hace referencia en esta publicación, estuvo sometido, desde los albores del siglo X hasta finales del XIX, a los distintos avatares del devenir histórico, social, político y religioso, así como a cambios de uso y titularidad, pasando de ser un Monasterio de monjes benedictinos a Seminario Conciliar. Inicialmente, estos religiosos tuvieron como misión o cometido fundamental velar por el culto al Apóstol Santiago y custodiar su Sepulcro, en estrecha colaboración y complementariedad con el que también competía a las congregaciones monásticas de San Paio de Antealtares y San Fiz de Solovio.

 

Por lo demás, es de reseñar que su origen se remonta a un oratorio dedicado a Santa María denominado de la Corticela, derribado a finales del siglo IX, excepto la capilla, que pasó a formar parte del conjunto catedralicio, dedicado al Apóstol Santiago, conocido en el orbe cristiano católico, y aún fuera de él, como la Catedral de Santiago de Compostela y centro de Pereginaciones, equiparable, en múltiples aspectos, con los centros de Jerusalén y Roma.

Debe subrayarse que fue en torno al año 1527 cuando la Corticela deja de depender de los monjes de San Martín Pinario y pasa a ser administrada por la catedral como parroquia para peregrinos, extranjeros y vascos, con la intención de prestarles un servicio más adecuado. En parecidos términos se establecen en ese pequeño recinto sagrado los linguaxeiros, que eran los sacerdotes encargados de confesar en distintas lenguas a los peregrinos. A partir de entonces, esta capilla se convirtió en un lugar acogedor y tranquilo para el recogimiento del peregrino que llega a Santiago de Compostela, uso que sigue manteniendo a día de hoy. A buen seguro será del agrado del avezado lector saber que el nombre de Pinario viene de Pignario y éste a su vez de los pinos que había en este lugar donde los monjes fundaron su primera capilla en el siglo XI.

Asimismo, cabe señalar que a partir de la reedificación llevada a cabo en el siglo XVI, aparecen entremezclados elementos arquitectónicos renacentistas, barrocos y neoclásicos, que contribuyen a realzar la grandiosidad y belleza de este gran complejo religioso, sólo superado en España por el del Escorial. Y si se ahonda o/y bucea un poco más en la historia concreta de este emblemático conjunto histórico artístico, aparece testimoniado que, a lo largo del segundo tercio del siglo XIX, una buena parte de los espacios del Monasterio de San Martín Pinario se convirtieron en viviendas para los militares, juzgados de primera instancia y alojamiento/albergue del cuartel de Guadalajara. Pero fue en el año 1868 cuando se produjo el traslado del Seminario Conciliar desde la ubicación original en el Colegio de San Clemente- actual Instituto Rosalía de Castro- al edificio del Monasterio. Más adelante, se dirá que en la actualidad dicho inmueble además de constituir la sede del Seminario Mayor de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, donde se forma el futuro clero compostelano, da cobijo a otras instituciones, entidades, quehaceres y servicios de diversa índole.

Pero volviendo al tema de la solidaridad interactiva y compartida, hay que poner de manifiesto que año tras año, desde hace ya seis, el Seminario Mayor de San Martín Pinario viene organizando y celebrando una cena solidaria, para colaborar con Cáritas diocesana en la ingente tarea de auxiliar a las personas que demandan su ayuda. Pero aparte de esta cena fraternal, el Seminario Mayor realiza otras actividades de las que resultaría prolijo hablar, describiéndolas, en este Artículo/Comentario. Y a propósito, es obligado resaltar el encomiástico gesto de todos aquellos que, con el Rector, D. Carlos Álvarez Varela, a la cabeza intervienen activamente en la organización de los actos del citado evento solidario, como son los formadores: D. Ricardo Vázquez Freire y D. José Luís Ramos Souto; la secretaria del Seminario Mayor, Dª. Eva Varela Rodríguez, con su probado buen hacer tan eficiente como riguroso; las Srtas. Carmiña y Aurita de la Grande Obra de Atocha; los seminaristas que, con el corazón henchido de entusiasmo e ilusión, proyectan la fuerza del divino tesoro de su juventud en la potenciación del sentido altruista de la vida; además, son dignas de ser mencionadas otras personas que han puesto y siguen poniendo alma, vida y corazón en esta admirable obra social, cuyo trasunto son las nobles causas y las buenas acciones. No cabe duda de que estas y otras actuaciones similares, llevadas a cabo por el Seminario Mayor compostelano, jalonan la trayectoria socio/histórica de esta secular y benemérita institución eclesiástica y la de quienes tan dignamente la dirigen.

De todos modos, quien habla a los lectores escribiendo este Comentario no se resiste a poner de manifiesto ante los mismos la apreciación personal y la de otras muchas personas en cuanto al reconocimiento, admiración y gratitud que merecen tanto la persona como la obra del polifacético y egregio maestro de humildad, trato afable, bonhomía e inspirador de afectos, D. Carlos Álvarez. Esta cena solidaria, prevista para el próximo viernes, día 1 de Diciembre, del año en curso, constituye, como queda apuntado, la sexta ocasión en que, con gran poder de convocatoria y concitación, el propio Seminario de San Martín Pinario, de Santiago de Compostela, organiza con éxito desbordante este tipo de actos solidarios. Estas expresiones de generosa solidaridad, parecen una perfecta evocación o un parangón de aquella conocida anécdota que se atribuye a San Martín de Tours cuando parte y comparte su capa con un mendigo aterido por el frío. Con el comienzo del tiempo de preparación para la Navidad cristiana, llega también el momento en el que empresas, ONGs y particulares promueven campañas y organizan actividades de diversa naturaleza pero que, en líneas generales, se realizan y ponen en marcha desde los parámetros de la solidaridad humana y cristiana, trasfondo de la necesidad de revitalizar el debilitado sentido de la fraternidad entre personas y pueblos, degradada, deteriorada y rota como consecuencia de los odios sembrados y de las injusticias practicadas.

La sociedad, en la que actualmente nos movemos y vivimos,- a veces malvivimos- está inmersa en las procelosas aguas de la desigualdad, confusión, ceguera moral y pérdida de una consistente escala axiológica que resulte reequilibradora de las descompensaciones sociopolíticas y religioso/morales generadas por el multifactorial fenómeno de la endémica deshumanización, el secularismo imperante y un feroz hostigamiento religioso, de marcado carácter anticlerical y significativo cariz laicista. Todo lo cual, viene a constituir un inquietante signo de los tiempos de la hodiernidad. Pero dentro de este complejo y tenebroso mundo, siempre surgen, por mor del providente destino, personajes capaces de proyectar rayos de luz y esperanza en los corazones de las personas de su entorno y ámbito de convivencia.

A pesar de no ser la primordial intención ni el principal objetivo del comentarista la idea de traer a colación, como final del presente Artículo, un paradigma de persona con capacidad empática, inteligencia práctica y probada bonhomía, éste decidió introyectarla por coherencia y convicción personal, habida cuenta de que tales características sintetizan el perfil personalístico de D. Carlos Álvarez Varela, Rector del Seminario Mayor y máximo representante del conjunto histórico artístico de San Martín Pinario.

 

El referido espacio físico, de unos 20.000 metros cuadrados, acoge y alberga a una serie de Instituciones y entidades, como son: Instituto Teológico Compostelano, Instituto Superior Compostelano de Ciencias Religiosas, Escuela de Teología para seglares, Centro de Estudios para obtención de la DECA, Vicaría Episcopal de Enseñanza y Catequesis, Escuela Universitaria de Trabajo Social, adscrita a la Universidad de Santiago de Compostela, Archivo Histórico Diocesano de Santiago de Compostela, Oratorio de San Felipe Neri, Iglesia Conventual de San Martín Pinario, con su Fachada Renacentista, y en su interior se encuentra una auténtica profusión de arte barroco expresado con toda grandiosidad en el retablo del altar mayor y en la sillería coral, obra fastuosa que el escultor gallego, Mateo de Prado, plasma en el año 1639 y, por último, en este monumental complejo se incluye la Hospedería de San Martín Pinario y las tiendas/herbolario ubicadas en la parte que ocupaba la antigua botica del Monasterio.

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com

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