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Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales políticos.

 

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot. com

parafita 33Desde finales del siglo XVIII, los nacionalismos no siempre fueron concebidos como movimientos sociales y políticos sino que también lo fueron como sentimientos patrióticos, pero en ambos casos han constituido un problema para la convivencia pacífica entre los ciudadanos de los países en que estaba implantado y fuertemente enraizado. En Cataluña el sentimiento nacionalista fue ganando terreno y organizándose como movimiento social y político hasta convertirse en la denominada cuestión del nacionalismo separatista catalán, que fue causa y origen del actual desafío independentista. Del nacionalismo moderado se pasó en relativamente poco tiempo a su versión más radical y extremista. Este comentarista quiere poner de manifiesto ante los lectores, y resaltar, que cada día se descubren actitudes y conductas independentistas que son auténticamente patéticas, surrealistas y abyectas. Y hasta tal punto es así que incluso existen catalogadas tramas de unos 54 grupos religiosos y políticos laicos que agitan los sentimientos independentistas en algunas iglesias catalanas, evidentemente no en todas.

 

 

Estamos, pues, en algo parecido a una parodia del comienzo de las actuaciones circenses, van a ver ustedes, honrados y pacientes ciudadanos, lo más difícil todavía sobre la alocada pretensión de dividir y romper la unidad de España, así como de violentar la convivencia pacífica y cohesionada entre todos los españoles, sean de la región o autonomía que sea. Y justamente, las actuales circunstancias constituyen el contexto del parodiado espectáculo circense. Como suele decir este articulista a los lectores de sus colaboraciones, es importante que cada uno extraiga sus propias conclusiones y haga las reflexiones que estime pertinentes sobre el hastío y empalago que ocasiona el cansino tema del secesionismo catalán.

 

En cualquier caso, no debiera olvidarse que el nacionalismo por su propia definición y naturaleza es beligerante, reivindicativo, sectario, perverso en su discurso y en los métodos y medios utilizados para lograr los objetivos marcados, debiendo señalar que cuando se exacerba puede llegar a ser muy problemático y dañino para la convivencia pacífica entre los ciudadanos de bien. Pero la bajeza moral de los separatistas tuvo y tiene como exponente máximo la utilización de los menores y el abuso de la inocencia de los niños para un referéndum ilegal, hecho que puede ser calificado como nazismo puro y duro. Menos mal que, por fin, los padres de los menores han reaccionado denunciando su utilización por parte de los fanáticos golpistas.

 

 

No obstante, a la hora de enjuiciar este quimérico desafío independentista catalán, los lectores y quienes no lo sean deben de tener en cuenta que los catalanes no necesitan la secesión, pero, en cambio, los corruptos, sí. Asimismo, el autor de este análisis entiende que al final de esta confrontación con cierto trasfondo belicoso, tiene que haber perdedores y ganadores, pues sería inconcebible, penoso y lamentable que fuera el Estado de Derecho el que perdiera el pulso planteado por los separatistas catalanes a la propia Jefatura de la Nación y a los españoles. Tampoco puede haber diálogos ni negociaciones que no pasen por el cumplimiento de la legalidad vigente, por lo que para la solución de este conflicto no pueden el Gobierno y los partidos políticos constitucionalistas ampararse en una política de cesiones y concesiones. Seguir esta vía, supondría sentar un nefasto precedente en España que en el futuro afectaría a la estabilidad de las instituciones del Estado y al fortalecimiento de la democracia ya bastante debilitada.

 

Por lo demás, a estas alturas y con las posiciones radicalizadas de los secesionistas, cualquier intento de diálogo resultaría estéril como también lo son las expectativas de que culmine este quimérico y desafiante sueño independentista catalán. Por lo demás, esta pretensión rupturista de los independentistas catalanes es una pantomima montada sobre bases ilegales, carente de rigor histórico y, por encima, atenta contra el sentido común y la racionalidad. Pero partiendo de la hipótesis de que toda esta bananera farsa separatista quede desmontada, es incuestionable que quedarán los rescoldos de los odios sembrados por las mentiras de los independentistas entre los catalanes y el resto de españoles, así como la fractura social y división entre los ciudadanos de Cataluña y España. De suerte que lo difícil, a partir del día 2 del próximo mes de Octubre de 2017, va a ser restañar las heridas abiertas por los odios sembrados, recomponer la fractura social y restablecer la confianza entre unos y otros. Y, por otra parte, cabe preguntarse cuál será la decisión que tomen los fiscales y jueces en relación a los supuestos delitos de desobediencia, desacato, malversación de fondos públicos, prevaricación y también con respecto al de rebelión de los sediciosos.

 

Cierto es que las causas de estas derivas sociales y políticas fueron multifactoriales, pero deben de ser señaladas y remarcadas especialmente aquellas que más detesta la sociedad, como son, entre otras, la ausencia de auténticos líderes políticos y sociales, dentro y fuera de España, como de igual modo la de hombres de Estado, como en tiempos pretéritos. Pero, sobre todo, la cobardía de la mayoría de los dirigentes sociales, políticos institucionales. De ahí que muchos ciudadanos desaprueban las manifestaciones tibias y ambiguas de los personajes públicos que representan a prestigiosas e influyentes instituciones, como la Iglesia católica, que a través de su máximo órgano de gobierno, la Conferencia Episcopal Española, emitió un débil y confuso comunicado, cuyas tachas señalaremos más adelante. A día de hoy se echan en falta estadistas de la talla sociopolítica y autoridad moral, como la que tenían Adolfo Suárez González, Manuel Fraga Iribarne, Felipe González Márquez, Santiago Carrillo Solares, Nicolás Redondo Urbieta, Marcelino Camacho Abad. Y en opinión de este comentarista, sólo Mariano Rajoy Brey está teniendo una actitud política de hombre de estado, secundado por el Sr. Rivera Díaz, presidente del partido Ciudadanos. Los demás dirigentes políticos españoles, distan mucho de estar a la altura de las circunstancias sociales y políticas del momento actual.

 

 

Finalmente, el Presidente de la Conferencia Episcopal Española, al final de la Comisión Permanente de los Obispos, leyó un Comunicado, aprobado por unanimidad, según él, que el autor del presente comentario escuchó con tanto interés como expectación, a través del cual los Prelados hacen un llamamiento al diálogo entre el Gobierno Central, que es plenamente democrático y en tales términos actúa, y el de la Generalidad catalana, claramente antidemocrático, porque por sistema lo hace al margen de la legalidad constitucional, estatutaria y jurisdiccional, como vía de solución al conflicto entre España y Cataluña. Con respecto a este tibio, ambiguo y acrítico comunicado episcopal, debo señalar que el problema catalán lo vienen planteando desde tiempo inmemorial los separatistas catalanes, no el resto de los pacíficos ciudadanos españoles, y menos aún el Estado. Por otra parte, el Gobierno de la Nación ofreció al de Cataluña dialogar cuanto fuese preciso pero dentro de la Ley y el Derecho. Pero, en cambio, a los independentistas catalanes no les interesaba realmente el diálogo sino llevar a cabo la tediosa mascarada del día 1 de Octubre para evitar ir a la cárcel por diferentes actuaciones delictivas, entre otras razones.

 

En última instancia, éstos sólo pretendían y buscaban la complicidad del Gobierno de España para legitimar la secesión de Cataluña y, en consecuencia, la ruptura no sólo de la unidad social y política de este País sino también la su cohesión territorial, por encima de lo establecido en la Carta Magna como marco de convivencia. Lo que quieren es justificar el golpe de estado que están dando. Y, eso, Sres.Obispos, no está bien ni es justo situarse en la equidistancia. Los Sres. Obispos son muy libres de emitir comunicados, pero muchos de sus destinatarios opinamos que en la actual coyuntura social, política e institucional sería muy importante que, en los mismos, dedicaran algún párrafo a hacer autocrítica y además pedir perdón, por ejemplo, por el daño que producen, al menos desde el punto de vista evangélico, las incoherencias de los independentistas mediáticamente confesos, como son y están siendo las del Obispo de Solsona; las de un número indeterminado de sacerdotes catalanes; las de las populistas y demagógicas monjas Lucía Carám y Teresa Forcades, entre otras religiosas; las del abad de Montserrat; las de algunos sacerdotes vascos y las otros clérigos que, con sus soflamas de marcado carácter separatista sobre el derecho a decidir y a la autodeterminación de los pueblos-regiones-, en modo alguno propician ni favorecen la convivencia pacífica y fraternal entre los ciudadanos de las distintas comunidades autónomas de España, y sí contribuyen a romper la unidad territorial de este país y a destruir el actual sistema de convivencia cuyo marco legal está constituido por la Constitución de 1978, los Estatutos de Autonomía y las Sentencias de los Tribunales.

 

Ustedes, Sres Obispos, verán lo que dicen y hacen ante esta dramática e histórica situación. Instalarse en la cobardía para ampararse en ella, no es buen ejemplo ni estímulo para los ciudadanos en general y menos aún para los creyentes cristiano- católicos. El caso es que, en opinión de algunos medios de comunicación, la Conferencia Episcopal con pronunciamientos tan tibios, ambiguos, cobardes y con aparente escasa implicación y compromiso, no contribuye de manera efectiva a desactivar el fuego de la confrontación social y política sino que, en cierto modo, lo aviva. A este paso, de no mediar una rectificación por parte de los responsables de la institución eclesiástica, van a tener que marcar la X en la Declaración de la Renta los sediciosos golpistas.

 

Por Antonio José Parafita Fraga, escritor y comentarista de temas sociales y políticos.

 

Del Blog VERBO SUELTO del autor, cuyo enlace es verbosuelto.blogspot.com

 

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